A la luz de las recientes declaraciones del Ministro del Interior anunciando una inspección extraordinaria sobre los protocolos de acoso en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) nos vemos en la obligación de alzar la voz. Resulta profundamente lamentable que la Administración tenga que esperar a que sucedan hechos gravísimos y de calado mediático para constatar lo que desde esta asociación llevamos años denunciando, y es que los protocolos actuales fallan estrepitosamente y dejan a las víctimas en la más absoluta desprotección. El actual protocolo de actuación frente al acoso sexual y al acoso por razón de sexo en la Guardia Civil se aprobó mediante Resolución de 22 de julio de 2019 del Director General de la Guardia Civil. Desde su misma génesis, AUGC ha sido sumamente crítica con este texto normativo debido a sus flagrantes deficiencias y su lejanía respecto a las garantías que sí ofrece la Administración General del Estado (AGE). Las diferencias jurídicas y de protección entre ambos marcos son abismales e intolerables para un Estado de Derecho, destacando las siguientes lagunas: En la Guardia Civil, la persona que sufre acoso debe dirigir su comunicación al superior jerárquico del presunto acosador, un despropósito jurídico que en la AGE no ocurre, ya que allí puede denunciar la víctima, su representante legal, los sindicatos o cualquier empleado público. La disciplina no puede justificar la desprotección de un víctima. Respecto al acompañamiento durante el proceso, a la víctima en la Guardia Civil se le niega acudir con una persona de su confianza si no es miembro del Cuerpo, mermando su derecho a la asistencia, mientras que en la AGE pueden ser asistidas por cualquier acompañante de su libre elección. En cuanto a las medidas organizativas, en nuestro Cuerpo es la presunta víctima la que suele verse obligada a marcharse o, lo que es peor, a seguir trabajando bajo la supervisión de su presunto acosador si no se le concede el cambio, mientras que en la AGE se separa al presunto acosador garantizando las condiciones y el puesto de la víctima. Finalmente, los plazos en la Guardia Civil son excesivamente largos, provocando la revictimización al hacer que la víctima cuente los hechos hasta en cinco ocasiones, culminando en una resolución frente a la cual las víctimas no tienen opción a recurrir internamente, frente a la agilidad y las vías de apelación al Comité de Asesoramiento que contempla la normativa de la AGE. Hace casi dos años que desde la Dirección General se nos anunció una mejora sustancial de esta normativa, una promesa que ha quedado en papel mojado mientras seguimos esperando. Por ello, exigimos formalmente y de manera urgente la convocatoria de un grupo de trabajo para mejorar nuestro protocolo. A este desamparo procedimental se suma una barrera jurisdiccional inaceptable, que es la aplicación del Código Penal Militar (CPM) en funciones estrictamente policiales. El aforamiento de facto de algunos mandos y la imposibilidad sistemática de que estos hechos sean juzgados desde el primer momento por la jurisdicción ordinaria actúan como una auténtica mordaza frente a las bases. El corporativismo mal entendido y la jerarquía militar se utilizan para silenciar. El ejemplo más doloroso de esta represión estructural es el caso de una Teniente, la única oficial que dio la cara por una guardia civil acosada por un suboficial, y que por cumplir con su deber de dar cuenta de los hechos, llegó a ser expedientada, demostrando que el sistema castiga a quien protege a la víctima. Desde nuestra asociación no vamos a consentir ni un minuto más de inacción institucional ni de falsas promesas. Las mujeres de la Guardia Civil merecen un entorno laboral seguro y garantías procesales, no mecanismos arcaicos que perpetúan la impunidad y la revictimización de quienes sufren estos abusos. Exigimos hechos concretos y la apertura inmediata de un grupo de trabajo para que la tolerancia cero frente al acoso deje de ser un eslogan de cara a la galería y se transforme, de manera definitiva, en una realidad irrefutable dentro del Cuerpo.


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